La Torre de los Ángeles

viernes, 30 de marzo de 2007

Vamos a empezar con el reciclaje: a continuación os pongo un relato que escribí hace algún tiempo y que será el primero de una serie de artículos devueltos a la vida. Así pocpo a poco se irán recuperando los textos de producción propia de la Torre para que no se pierdan en el olvido.

Los descuidados pasos de los soldados retumbaban en aquellos pasadizos de los niveles más bajos de la colmena, parecía que esos estúpidos reclutas hacían ruido a propósito, si no, no se podía explicar que once hombres pudieran montar semejante escandalera. Sin duda eran lo peor que le podían haber proporcionado de las filas de defensa planetarias: jóvenes e inexpertos, apenas sabían moverse con el equipo militar puesto y lo iban golpeando contra las paredes cada vez que se movían. El Gobernador Imperial sabría de lo que es capaz un Inquisidor en cuanto saliera de aquel pútrido nido de maleantes.

Aquel que los herejes llamaban la Voz del Emperador había sido visto en las colmenas de Agripina A y los informadores comenzaron a transmitir cualquier rumor con la esperanza de acertar con alguno y ganar una importante recompensa, o por lo menos poder salir de allí de una vez. La mayoría de estas informaciones eran ignoradas directamente pero había llegado una de especial interés y resultaba conveniente obtener algo más de información del desconocido confidente y por eso estaba aquí, un representante de la Santa Inquisición acompañado de unos cuantos patanes con lo peor que se despacha en armamento que se hacían llamar soldados, vagando por lugares que ni siquiera muchos maleantes frecuentarían.

Habían llegado ya casi al punto de encuentro y el Inquisidor comenzó a dar instrucciones para que los “soldados” tomasen posiciones para evitar sorpresas desagradables pero ya era demasiado tarde, antes de que acabara de dar órdenes pudo ver como desde todas direcciones se lanzaban hacia ellos más de una veintena de individuos con aspecto poco amigable. La respuesta no se hizo esperar: sacó su pistola bolter en el acto descargando una lluvia de proyectiles que derribó a varios de esos indeseables mientras lo que se suponía que era su escolta disparaba todo lo rápido que su escaso entrenamiento les permitía derribando algunos atacantes antes de que llegasen hasta ellos. La lucha fue corta y sangrienta: los guardias cayeron rápidamente y la destreza del inquisidor con la espada sierra solo sirvió para retrasar ligeramente lo inevitable. El Inquisidor comenzó a amputar miembros mientras movía la espada en amplios círculos hasta que un chorro de plasma volatilizó la mano que empuñaba el arma y parte de la propia espada. En ese momento los traidores se lanzaron sobre él lanzándolo de espaldas al suelo y sujetándolo para que no se moviera. Intentó zafarse en vano durante un instante hasta que vio alzarse ante sí una gigantesca figura envuelta en una blanca túnica que sujetaba con su acorazado guantelete una humeante pistola de plasma. Lo siguiente y último que pudo ver fue el destello de una pistola bolter apuntando a su cara.


Escrito por Xenobius.

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