La Torre de los Ángeles

martes, 18 de marzo de 2008

En un rapto de nostalgia he recurrido a los archivos de la antigua Torre de los Ángeles en busca de algún relato corto. Al final he sacado este que pongo a continuación y que escribí hace algún tiempo. Espero que guste:


Dio una nueva estocada con su negra espada y la sangre brotó abundantemente de la deforme criatura que en tiempos fue un marine espacial y que ahora estaba totalmente corrompida pos los Poderes Ruinosos. Él era Sigismund, Puño Imperial elegido Paladín del Emperador para buscar y acabar con aquellos que orgullosamente se proclamaban Paladines del Caos. Continuó derribando enemigos con fuertes golpes de su espada tratando de evitar que los herejes atravesaran la brecha abierta en los muros y se adentraran aun más en el Palacio del Emperador pero parecía imposible de evitar: oleada tras oleada de enloquecidos y deformes seguidores del Archihereje Horus se lanzaban contra ellos que cada vez eran menos y más cansados. Entonces divisó una imponente figura alzándose sobre las ruinas de lo que había sido el muro dirigiendo el ataque y se dirigió hacia él abriéndose paso entre los enemigos como el segador se mueve por un campo de trigo maduro.

Bajo el cielo de fuego del que no paraban de llover retorcidas cápsulas de desembarco comenzó el combate entre los paladines. En ese momento toda lucha a su alrededor pareció detenerse para observar y alentar a sus respectivos campeones mientras asestaban golpes que siempre encontraban su final en la espada del otro y venían seguidos por otros golpes. El Paladín de los Dioses Oscuros que en otro tiempo fuera un legionario de los Lobos Lunares y protector de la humanidad ahora alzaba una barroca espada demonio contra su enemigo asestando un golpe en vertical con la intención de partirlo en dos, Sigismund se apartó evitando ser atravesado por muy poco y aprovechó la mala posición en que quedó su rival para asestarle un golpe definitivo en el costado que lo atravesó de parte a parte. El corrupto marine cayó de rodillas sin fuerzas para seguir combatiendo y entonces vino el golpe de gracia que le separó la cabeza del cuerpo. El Paladín del Emperador tomó del suelo la cabeza de su desafortunado contrincante y la elevó creando un momento de confusión entre las filas enemigas más cercanas, que vieron caer a aquel que tomaban por invencible por tener los favores de sus dioses, pero antes de que pudiera acabar de disfrutar de su victoria comenzó una nueva comunicación del alto mando: debían retroceder al siguiente anillo defensivo. Tiró la cabeza al suelo y se retiró junto con sus hermanos de amarilla servoarmadura hacia la siguiente puerta para defenderla eliminando el mayor número de aquellas traidoras criaturas por el camino.


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